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Un fan cuenta el show de su banda favorita
No tuve más que asistir al ritual de partir
Massacre en su ¿última? Trastienda
31.8.2025
Escrito por
Emi Montenegro

Es viernes a la noche y los Massacre tocan en lo que se denominará: “Llega el final. Nos vamos de casa”. No se sabe bien por qué. El lugar, su casa, donde nos sentimos todos más juntos y cerca, y que a lo largo del tiempo siempre nos reunió en shows más cercanos a Palestina que a Massacre es La Trastienda. Lo que sí sé es que creo que lo interpreté como un llamado a volver a verlos después del año pasado (para muchos, la ritualización de participar de un recital de Massacre fue mermando a lo largo del tiempo, dando paso quizás a posteriores y nuevas generaciones).

Sea como fuere, ahí estábamos los de siempre, los que vamos sabiendo que Massacre te mete en una, una donde te encontrás en pleno mosh y estás cantando cosas que te invitan a pensar, mientras un montón de manos te atajan y te llevan de un lado para el otro hasta que por falta de esas manos volvés a tocar el piso.

Massacre te mete en una en La Trastienda. Y es porque en ese lugar vuelve a sentirse tan cercano como se sintió desde siempre verlos, pero con la invitación que a lo largo del tiempo y el crecimiento se fue perdiendo y ahí te lo vuelve a ofrecer: borremos la barrera del escenario.

Esta vez decidí quedarme atrás. Necesitaba observar todo. Sacarme el rol del participante y mirarlos a todos para ver un poco de afuera esa interacción tan amorosa que se genera en cada concierto. Reparé mucho en la variedad del público de una banda de tantos años que tiene la suerte de poder reunir generaciones. Con Massacre estas generaciones no solo están unidas por ellos sino que también lo están por su conducta y lo que uno sabe que va a pasar: se va a sentir seguros en compañía de otros. Tanto que pueden subirse al escenario y agradecer respetuosamente a su banda antes de lanzarse a ser recibidos por las manos de sus camaradas nuevamente.

Ver a Massacre es ver una banda donde su frontman te saluda con un beso y te pregunta a cada rato si estás bien. Walas es una persona que habla con su público de manera abierta, pero no solo por lo que dice, sino porque escucha: mantiene un diálogo, nos hace sentir cerca. Y eso está bien, porque es esa misma cercanía la que genera un lugar de encuentro y de pertenencia. La banda supo entender esto muy bien y es por eso que nos encanta verlos en lugares donde podamos volver a las bases de esa cercanía, de ese ritual de pertenecer.

“Mi mami no lo hará”, “Plan B” y “La respuesta es fácil” dieron comienzo a una noche intensa, cosa que sabemos es normal, pero con la llegada de nuevo día nos dice en qué tipo de ceremonia estamos por meternos: "La incertidumbre es lo que sentís / Y no sabés por qué / Y sabes quién está detrás / Y estás roto / A mi lado". “Nuevo día" es una especie de himno generacional de muchos porque creo que marca un momento muy interesante en la música argentina. Año 1992, donde han sucedido muchas obras increíbles (dato de color: Fito Paez lanzaba El amor despues del amor), gran parte del nuevo rock argentino, como a muchos les gusta denominar, hacía discos increibles. Otro dato de color: Soda Stereo presentaba dynamo.

Quienes alguna vez hayamos pasado largas tardes subidos a una tabla entendemos lo que significa hacer algo que casi nunca se hace solo: el skateboarding es una actividad donde existe un apoyo de los otros que te acompañan que genera una camaradería y donde, además, uno absorbe data de todo tipo. Uno ahí comienza a escuchar, y lo que escucha uno en determinados momentos puede ser importante para sus intereses y eso se convierte en mucha información y hay momentos donde esa información se nos queda para toda la vida.

En mi caso, esa data fuerte llegó a los 15 años en largas tardes tratando de sacar un ollie alto mientras que bandas como Massacre o Fun People, acá, o los Dead Kennedys o Bad Religion desde afuera nos cantaban cosas sobre la existencia, sobre la igualdad, sobre  género e identidad, y todo bajo la premisa del DIY y lo comunitario. Quien quiera oir que oiga.  Bueno, algunos escuchamos, y con Massacre pudimos entender Quién era Pizarnik, o descubrir a Rilke, y crecimos hasta llegar a sus 12 Nuevas Patologías, allá por 2003, habiendo pasado por discos como Galería Desesperanza, Aerial y Juguetes para olvidar.

Pero volvamos a La Trastienda.

Detrás de “Nuevo día” se dio paso “Papel floreado”, y ahí la banda nos recuerda que no es mentira que quien se sube al escenario es Massacre en toda su historia, y que esa historia es también la de Massacre Palestina, nombre diluído en su primera palabra por cuestiones de una época pero que hoy están más vivas que nunca en el presente, volviendo su nombre nuevamente una declaración. Y para recordarnos esa declaración la noche siguió con “Papel floreado”: “Nuestro regalo, mamá lo compro/ nosotros ayudamos a prepararlo/ ya pasaron tantos años/ más de cuarenta/ yo se que todavía te acordarás/ con cuánto cariño lo preparamos/ con cuánto cariño te lo llevamos/ aun lo recuerdo/ estaba envuelto en un hermoso papel floreado“.

Después de pasar por “Te arrepiento”, ocurrió lo que sucede siempre con “3 paredes”. Esta canción es el empuje definitivo a donde sabemos que va a llegar la noche: “Y no ves mi atrás/ lo que esconde ayer/ decime, decime quién soy/ soy nada”. Eso: existencialismo y skate rock. Saltamos, transpiramos y pensamos un poco. Somos todo eso y nada al mismo tiempo.

La noche avanzó con ese discazo que es El Mamut, donde hicieron “Compulsión” y “La octava maravilla". Para ese entonces, un nene junto a su padre era llevado por todo el moshpit hasta el escenario con mucho cuidado. Fue hermoso ver cómo el público se encargaba de que ese chico pudiera vivir ese momento de esa manera. Su papá lo acompañaba en la aventura desde abajo hasta llegar al escenario donde aterrizó para estar por unos segundos dentro de su banda favorita y que Walas le acariciara la cabeza mientras el chico volvía a arrojarse del escenario con la seguridad de ser recibido y cuidado hasta volver a los hombros de su papá. No recuerdo no haber sido atajado alguna vez cuando era chico y hacía eso.

Algunos temas después llegóRoad Off”: “Van mil reflexiones a mi cuerpo y al llegar más/

Lejos de entenderme, mi visión agudizar más”, y a continuación “Seguro es por mi culpa”. Creo que para ese entonces empecé a comprender que sí existe algún final –o que sí realmente se estaban yendo de casa–, y no sé porqué, habían quizás elegido una forma de cerrar con cierta melancolía:Divorcio (hijo de padres separados visita al psicólogo)” y “Cuasi delictual” sellaron una noche a la altura de sus otras Trastiendas, pero se sintieron tristes.

Para el encore, todos ya supimos cómo debíamos irnos: “Sembrar sembrar”, esa joya antes del gran cambio, junto a “Violence”: temas que se celebran porque son parte de sus momentos más seminales. Para quienes no sean frecuentes en sus recitales, sepan que los presentes no solemos retirarnos sin antes asistir al ritual de partir, como reza su canción “A Jerry García".

Se abre el piso, la gente gira formando un remolino. Nos abrazamos al otro sin conocernos mientras cantamos “en las calles no hay nadie/ las pistas desiertas/ skaters desaparecidos en acción” del tema “Diferentes maneras”. Si alguien tropieza, una mano lo levanta del brazo y lo palmea amablemente, como solíamos hacer cuando levantábamos del piso a alguno mientras le devolvíamos su tabla, después de una caída.

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